lunes, 14 de junio de 2010

CON EL SELLO DEL MAL


En este infierno cíclico en que vivo,
de escenas que horrorizarían al mismísimo Dante,
retornan nuevamente los fantasmas a burlarse
del castillo de naipes de paz que he construido.
Amenazan con derribarlo con un soplido
dejándome a la deriva por enésima vez.
La espada de Damocles pende sobre mi cabeza.
No hacen otra cosa que velar
un momento de debilidad
para atacarme a traición.
Conocen perfectamente mi Talón de Aquiles.
¿Cuándo llegará el día en que me libere
y pueda al fin dar uso al óbolo bajo mi lengua?

Abandonada a mi suerte
en esta soledad autoimpuesta
no hay ser que me saque del abismo
en el que mi propia alma me ha sumido
guiada por sus voces,
voces de seres extraños que me reclaman
desde el otro lado.
Lágrimas que nadie ve
porque el llanto va por dentro,
el llanto y el desconsuelo.

He aquí mi alma,
despertada del sueño de los justos
para ser arrancada de raíz
como árbol seco
y echada al fuego eterno.
Muerte y la destrucción,
imágenes apocalípticas,
escenas de una película siniestra
que saltan ante unos ojos
que dejan de ser los míos. Herencia maldita.
Sangre derramada, mi propia sangre.
Muerte consumada, mi propia muerte, la de los míos.
Asesina… asesinada…
Arrastro una vida que es
sólo mitad mía,
la mitad que no tiene el control… Sólo soy una sombra.
Cuánto ansío en esos momentos entregarle mi moneda a Caronte…

REMR
6/nov./2009

2 comentarios:

huggh dijo...

es un texto lleno de dolor amiga Eve... mi cariño, hl

rober dijo...

Me admira el contenido ce tu texto Evelyn, y el final, remata lo escrito antes. La calidad de tus textos sigue siempre presente, pero por desgracia no encuentro la forma de hacerte llegar un comentario. Espero encontrarte en algún otro blog.
Un saludo cordial, roberto